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En casa hay de todo (Cuento corto)

5 de Diciembre de 2008

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Un joven, bien parecido, traía de equipaje una mochila, lo conocí en el tren, conversamos, me contó venía de España, de un lugar llamado La Mancha, su nombre Joaquín con 35 años, hace veinte días recorría Perú, estaba fascinado, todo le parecía diferente, él regresaba de Machu Piccho, yo de un restauran en el Cuzco donde era moza y ayudante de cocina. Luego me comentó que era chef, y aparte de hacer turismo llevaría un curso de cocina peruana. Aunque no acostumbro hacerlo, por esta vez  invité a Joaquín a mi casa, había algo en él que me atraía mucho, lo disimulé muy bien, aceptó la invitación, le dije que cuando cocinara  podría estar presente, haciéndole broma le aseguré sería su primera y mejor clase de cocina. Noté el brillo de sus ojos, le encantó la idea, – ¿Qué compramos? Me dijo. – sólo un poco de perejil, en casa hay de todo.
Llegamos a la plaza de armas, noté su mirada recreándose con el paisaje,  me comentó que en aquél banco había estado muchas horas, le gustaba estar allí…sonriendo con toque de tristeza, dijo – Aquí sentí llegar al amor,  esta plaza es muy especial – que bueno, le respondí, mi departamento tiene una ventana que da a la plaza.

Entramos, estaba mi hermana, como siempre, estudiando, Azucena de 28 años, dos más que yo. Mi hermana nerviosa se acomodó el cabello, como diciendo, “estoy desarreglada” Los presenté, le dije que era chef español, mi hermana serró su cuaderno, con la mejor sonrisa, se sentó a su lado hacerle compañía, mientras tanto en la mesa de la cocina iba colocando  todos los ingredientes para preparar un lomo saltado, picaba la carne, las papas, la cebolla,. Luego salí al living para decirle que ya podía venir a ver como se preparaba el plato. Grande fue mi sorpresa, ellos se estaban besando, ya no podría pensar en él, ya nunca sería mío. Hice  ruido a propósito. Joaquín  se puso de pie, me pidió disculpas, dijo que hace un par de días ellos se conocieron en la plaza, ambos salían de la catedral. Cruzaron palabras y fueron a sentarse a un banco, ella me contó de ti, su hermana Flor, de lo mucho que trabajabas para costearle los estudios, no tenían padres, a pesar que tú eras menor, querías que estudie, la promesa de ambas de no casarse, hasta  que Azucena sea doctora, le faltaba un año. Joaquín quedó en silencio.
Azucena abrazó a su hermana, diciéndole entre sollozos, que hace dos días se habían despedido, y que Joaquín le prometió regresar por ella, en un año.  No pretendimos romper nuestra promesa, nunca imaginó verlo llegar a casa. Joaquín interrumpió, -  y encontrar a la mujer que estoy enamorado.  Nuevamente un silencio que Flor lo rompió. – Debe ser el destino, yo jamás invité un extraño a casa, resulta que a lo mejor serás mi cuñado, bueno eso no te salva de entrar a la cocina, vengan los dos, entre risas los tres prepararon el delicioso “Lomo saltado” Azucena picó el perejil, Joaquín sacó un vino de su mochila, y su celular, marcó un número y- Hola Antonio, que voy a España con dos mujeres, yo ya voy casado hombre, y si Flor gusta de ti, pues en buena hora, brindemos, escucha hermano chin chin, entre risas todos en alta voz decían ¡salud Antonio! en diez días estamos, anda tú llenando la casa de alegría, que estas cuzqueñas tienen todo en casa, puede faltar el perejil, pero nunca el amor.
Joaquín le dijo a Flor, – ¿te gustaría un chaval como yo?? – sonreí tímidamente, (si supiera que me gustó tanto, ahora es de mi hermana) Pues prepárate a escuchar esto…¡¡soy gemelo!!, mi hermano Antonio es igualito, solo que usa bigote, es doctor, soltero, puede llegar a tu corazón, es un tipo bueno. Y te prometo Florcita, Azucena seguirá los estudios en España, que si, díganme que sí.
Joaquín no viajó a Lima por el curso de cocina, Flor le dio clases en casa, ella no quiso viajar a España, dijo esperaría que el amor toque su puerta.

Faltaban dos días para el matrimonio, se casarían en la catedral del Cuzco. Llegaban los regalos para los novios, uno tras otro, Flor con lapicero en mano seguía  firmando recibos, y se da frente a frente con un joven igualito a Joaquín…con bigote… ¿Antonio? – Sí, Flor?  – Síiiii.
Se  gustaron, Joaquín y Azucena viajaron en fecha, Flor y Antonio se quedarían a disfrutar del Cuzco, Machu Piccho, y si todo salía bien, se casarían.

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Foto: Lily cuadra

Una mujer, un hombre y una flor (cuento corto)

22 de Noviembre de 2008

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Una bella flor, de pétalos amarillos quería ser mujer, pidió al Todo Poderoso por una noche tener piernas y por las calles caminar. Esta flor era una dalia, habitaba en casa de tres hermanas. La menor, una muchachita linda, artista plástica, de nombre Vanesa, ella dejo su abrigo negro, colgado en el vestidor. Sabrina dulce joven, gustaba usar tacones altos, Lucía, la que ponía orden, antes de ir a dormir dejaba las llaves en la mesa, eran las once de la noche, todas dormían.

¡¡Que mejor momento!!, decía  la flor, el macetero se estremecía mientras brotaba una mujer, cautelosa la dalia se cubrió con el tapado y en sus pies finos, el calzado de Sabrina, cogió la llave y despacio avanzó a la puerta. Las calles solitarias hicieron detener su paso. Un auto aminoró la marcha y la invitó a subir, Dalia asustada, regresó sobre sus pasos, una pareja  haciéndose mimos reían, ella quería también reír, por la esquina cruzó un mozuelo al verla solitaria  y desorientada se le acercó – es muy tarde para andar sola, eres muy joven, cual es tu nombre? – Dalia, así me llamo. – Te acompaño a tu casa? donde vives? – allá al frente en esa casa de portón grande. El muchacho la  cogió de sus manitas, le ayudó a atravesar  la vereda, – Eres bella como una flor – le dijo el joven – ¿puedo darte un beso?- Dalia asintió con la cabeza. El la besó con ternura, en su mejilla apareció como pintada fosforescente  una dalia amarilla. – Que hermosa la flor pintaste en tu cara, no me había dado cuenta, Dalia confundida, atinó a decirle – Es que soy una flor. – El muchacho como hechizado, le preguntó si se podrían ver al siguiente día, – No lo se, pedí a Dios me conceda sólo una noche, y ser toda una mujer.
Ernesto (así se llamaba)   en sus adentros pensaba, – es una mujer bella, enigmática, juega con el misterio –
De pronto vio que la flor pintada en su rostro crecía, iluminaba como una luz. Ernesto preocupado pensó si aquella casi niña sería un ángel o una bruja. No quiso seguir, en el fondo era algo de temor. Le dijo: mañana estaré aquí preguntando por ti. La apresuró a entrara a su casa. Dalia sacó la llave del bolsillo del abrigo, al hacerlo cayó una tarjeta, Ernesto a propósito no la levantó, se dieron un beso de despedida, al cerrar la puerta el muchacho levantó la tarjeta, decía; – Vanesa – Pintora…
Al siguiente día Ernesto llamó al teléfono impreso en la tarjeta.

- Hola Vanesa, soy Ernesto el muchacho que conversó contigo anoche.

– Yo? Anoche no salí de casa

– si, estabas con un abrigo negro largo y en tu mejilla pintada una dalia. Se cayó la tarjeta de tu bolsillo, por eso se que te llamas Vanesa, bella “Dalia”
- Ernesto, podrías venir a visitarme, a ver si soy sonámbula, el abrigo largo y negro lo tengo, pero…ayer…no salí, te espero a las 7 de noche,

Vanesa fue al vestidor, allí estaba su abrigo, un poco mal colgado, luego su vista fue al macetero y allí estaba la dalia en todo su esplendor. – Dios mío, debo ser sonámbula, pero mis hermanas  me habrían escuchado.
Llegó la hora, Ernesto con puntualidad inglesa tocó el timbre.
Se puso el abrigo y salió a recibir su visita.  Al verlo pensó, es un muchacho lindo, a lo mejor… nos entendemos.
Se miraron algunos segundos en silencio, luego se saludaron, lo hizo pasar al living. Ernesto apenas entró vio la dalia en el macetero. Dijo con voz emocionada – ¡Esa era la flor! la tenías pintada allí en tu mejilla, donde tienes ese lunar.
- No entiendo nada, podría ser sonámbula, pero pintarme la cara dormida??? No será que anoche estabas con unas copas demás?
- No Vanesa, nunca tuve más claros mis sentidos. Más bien no pude dormir, me impresionaste con tu belleza y la flor.

Tomaron un café, conversaban de mil cosas. De pronto Ernesto volteó la cara como si alguien lo estuviera observando, su mirada se desvió a la dalia, en ese momento la flor cerró y abrió sus pétalos. Ernesto de inmediato se acercó a la flor, sintió como un aire fresco besando su rostro, una sensación indescriptible, el joven embelesado no dejaba de contemplarla. Vanesa quiso ser gentil, trajo unas tijeras, cortó la dalia y se la regaló.                                                                        Ernesto se despidió, casi en estado de shock salió con la flor entre sus manos, se fue, ante la mirada sorprendida de  Vanesa, quien nunca más supo de él.
Vanesa se pasea por el barrio preguntando por Ernesto, nadie lo conoce…

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*Imagen: Lily cuadra

Chile, Perú, Ecuador, están en mi corazón – (cuento corto)

28 de Febrero de 2008

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Salí a caminar, quería hacer un reencuentro con mi espíritu, hoy amanecí con una mezcla de tristeza y alegría, sin darme cuenta me encontré de pronto en la calle sin esquina, esa que hace tiempo transité, de la que conozco cada quebrajo del cemento, cada sombra estampada en sus viejas paredes, hasta adivino las huellas que dejaron mis amores al pasar.

Sus veredas como aquellas veces, me llevaron hasta el mar. Absorta en el vaivén de las olas, y en el vuelo de las gaviotas, mis ojos se posan en un niño, de aproximados nueve años. Solitario en su faena, dibuja en al arena, a distancia observo muy bien delineado, un corazón gigante, dentro de él tres personas.
Creyendo terminado su labor, le pregunto si uno de los dibujados era él.
- No, no soy ninguno de ellos – responde agachando la cabeza, – yo soy el corazón -
y los hombres representan tres países que amo, el Perú es mi país, yo nací aquí, de Chile es mi madre y ecuatoriano mi padre, ellos son artistas.
- Que bien…
- ¿Por qué tú eres el corazón?
- Así ellos están protegidos, mientras yo esté vivo están en mi corazón, nunca nos pelearemos, nos amamos mucho.
Diciendo esto guardó unas piedrecillas en su bolsillo, me regaló una bella sonrisa y se fue.

Ahora yo era la solitaria, contemplaba el corazón, me acerqué a observar, los tres personajes tomados de la mano, y cada uno tenía en su pecho la letra inicial de su país.
Más abajo escribí:
Si los niños gobernaran el mundo, los mayores estaríamos a salvo

Amigo Cóndor (cuento corto)

17 de Febrero de 2008

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¡¡Así amigo cóndor!! Abre el pico y ríe como yo. Bajo el tunal de este cerro, vendré a clavar mi cruz, y cada viernes santo traeré flores rojas al amor. Ya no beberé lágrimas, alzaré mis brazos para llamarte, entonces tu majestuoso sobre el madero abrirás tus alas y diremos adiós a la tristeza, yo correré con mis pájaros que anidaron en mis pensamientos y tú volarás circundando mi cabeza, respiraremos el aire puro que acaricia las montañas.
Y seremos los dos dueños del viento, de las cumbres, de los cerros, los tunales, de las piedras y del río que bramando canta libertad…
¡Volemos amigo!, prometo no volar más alto que

*

Imagen:
SAÚL KAMINER La Venus y el Cóndor,1995 Oléo/tela, 65 x 50 cm.

www.fractal.com.mx/Imagenes/kaminer.jpg

Rosaura, la muñeca de trapo (cuento corto)

9 de Noviembre de 2007

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Tantas veces ¡Adiós! Nos dice Luis Zambrano desde su poemario
Tantas veces nos dicen o decimos ¡Adiós!
Este es el caso de Virginia, tantos amores que los dedos de sus manos no alcanzan para contarlos.
Virginia 30 años, bella, espiritual, dulce, todos nos preguntamos ¿Porqué? con tantas cualidades y sigue sola. Les cuento, tengo un gran defecto, soy curiosa, y empecé a indagar, una amiga en común dijo: se que Antonio se fue por que ella no quiso darle un hijo, calculo es el mismo motivo de sus otros amantes.
Mis deseos de averiguar llegaron a tal límite que pedí una cita a Virginia para conversar, a lo mejor podía ayudarla.

- Se lo que te mueve a querer saber de mi soledad, se que nadie se lo explica, es muy simple.
Nací con labio leporino, ya se, igual que a mi una operación y listo, mi madre era epiléptica, murió joven y no se quien fue mi padre. Tengo horror de traer al mundo un niño enfermo, a veces despierto aterrada y traspirando, sintiendo que en cualquier momento sufriré un ataque igual que mamá.
Cubro mi deseo de ser madre atendiendo niños en el hospital de huérfanos,  ni siquiera me atrevo a adoptar. Es por eso los amores me dicen adiós,  no encontré el hombre necesitado de pasar el resto de su vida junto a una buena mujer, aparentemente sana, que en las noches acuna su muñeca de trapo, de 30 años, que le canta … duerma mi niña, duerma mi amor. Y al amanecer… le cambia de ropa, la sienta frente a la ventana y le dice: mira a los chicos como juegan, cuando seas grande te llevaré al parque, allí compartirás con otros niños, yo te cuidaré sentada en aquel banco.
Salí con los ojos húmedos, comprendí de golpe su soledad,  ella seguía hablando con  Rosaura, la muñeca de trapo, parte de su vida. 

Imagen: 

Rosa Rolanda  (1895-1970)
Niña de la muñeca , 1943
Oleo / tela
65 x 50 cm
www.museoblaisten.com/…/ninaconmuneca1

Un café y tú (cuento corto)

3 de Noviembre de 2007

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Hay días ¡¡Qué días!!… como siempre mi rutina al despertar, luego nunca se a que nave arribaré. Sin embargo ayer, mi despertar fue a deshora, una pesadilla aceleró mi corazón, desperté y de inmediato me encaminé como sonámbula a mi pequeña cocina, prendí la hornilla, puse un chorro de agua en la tetera, y esperé, entre calentándome al fuego y pensar el motivo de mi pesadilla.
Empezó el agua ha hervir con furia, el vapor y el sonido no me hicieron reaccionar, seguía sumida en mis cavilaciones, luego de unos segundos, apagué y elegí una taza grande, deseaba un largo café, olía agradable, me senté en mi rincón, así le digo al lugarcito donde tengo mi computadora y todo a mano, estaba tentada de prender y ver mis correos, pero me dije: no, son las cuatro de la mañana, trataré de dormir, pero… un ratito chiquito puede ser, mientras termino el café…sorbo a sorbo disfrutando. De pronto y sin previo aviso estabas allí en la pantalla del ordenador, mirándome, sonriendo sin decir nada. Presurosa arreglé mis cabellos y traté de no tener cara de ultratumba, te sonreí, hice ademán de invitarte el café de mi taza, tú hiciste los labios como si lo saborearas. Que feliz me sentí, ya no iré a dormir pensaba, está él haciéndome compañía.
Luego sentí en mi sexo y entre mis piernas un líquido tibio que me mojaba poco a poco.
Que situación, tomé la tollita de manos que siempre tengo al lado, y sequé presurosa.
Me sentí tan tonta y confundida, mientras me cambiaba de pijama, la risa se apoderó de mí, y entre carcajadas y en voz alta decía… la pesadilla era que no alcancé a despedirme de ti mi amor, te veía en una calesa girando a velocidad, estirando tus manos. Fue allí que desperté. Con la horrible sensación de no poder tocar tus manos. Al sentarme en mi rincón, quedé dormida, apareciste en mi sueño y compartimos el café. Amor, es que no prendí el computador, y el café no llegó a tus labios, se derramó.
Me cobijé, y sonriendo aún, quedé dormida, pensando en ti… como siempre.

*

Imagen:

http://agitarantesdeusar.files.wordpress.com/2007/03/mujer.jpg

Prostituta fracasada y cliente sin experiencia…

1 de Octubre de 2007

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(Cuento corto)

¿Cuanto cobras linda? Me preguntó un hombre de aproximadamente cuarenta años, desde un auto bastante moderno, no entiendo de marcas, ¿el color? azul. Lo quedé mirando, luego de reaccionar por unos segundos, respondo coquetamente, ¿No me diga que estoy tan bien, como para que usted me pague? El tipo con ademán sarcástico preguntó ¿No me digas que lo haces gratis?..
Sin demora, queriendo bajarle el sarcasmo y su mirada pícara, dije, si, lo hago gratis, nunca me pagaron, y dígame usted lo hace únicamente ¿pagando? ¿No tiene quién lo quiera?… El hombre sintió la pegada, pero no se achicó. Sonriendo respondió tratando de conquistarme
- Ver una mujer atractiva por esta calle, imaginé que podría pasar un agradable momento, le ruego me disculpe si la ofendí.
-No, para nada dije sonriendo, las prostitutas merecen mi respeto, ellas eligieron trabajar así, y bueno, no debe ser nada fácil, imagínese, acostarse con tipos desconocidos, y que puedan hasta hacerles daño.
- Por favor la acerco a donde usted va, será un placer…
- Gracias, no subo en autos de desconocidos.
- Le invito un café, podemos ir caminando, en la esquina hay uno. Por favor diga que si.
- Está bien, acepto.

Sería largo de contar, esto sucedió hace cinco años, tenemos dos amados niños. Aquel día él buscaba una mujer, según me comentó, no para hacer sexo, quería conversar, hablar de mil cosas, sentir una compañía. Le confesé que también estaba sola, venía de una ruptura sentimental. ¡Quién lo diría! “Prostituta fracasada y cliente sin experiencia, encontraron el amor”

*Imagen:

http://www.noticiasdealava.com/ediciones

La tibia palma de su mano(mini-relato)

24 de Julio de 2007

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Hoy tengo ganas de libertad,  correr por la cornisa  del techo de tu casa,  jugar con las palomas grises y dejar las blancas seguir su vuelo.
Hoy es cualquier día,  sin embargo el calendario marca rojo y no es domingo.
Estoy  radiante, como un sol de primavera,  hoy el astro rey quedó dormido tras las nubes.

El cielo pardo, con ese encanto oscuro,  que invita a “poemar” es como un cuadro pintado para mi,  aquí estoy,  confundida entre las aves que me ignoran,  tal vez ya no soy un ser humano, quizá no tengo sombra.  No importa, estoy en la techumbre de un hogar lejano y ajeno, diviso una ventana, tras los cristales un hombre vislumbrando el horizonte,  un gato perezoso duerme  en el felpudo.
Aquel mortal abre su ventana y arroja migas de pan a las palomas. ¡Dios, Dios! soy una de ellas, voy tras la miga, la tengo en mi pico. Quedo pensativa contemplando las pichonas devorando su alimento.
No tengo hambre, dejo aquel trocito de pan, las otras se lo comen.
Él, se da cuenta,  pone una miga en su mano y me lo ofrece,  acudo presurosa y despacito, sin apuro, voy comiendo, no tengo hambre, pero es hermoso sentir la ternura que irradia  la palma de su mano.
Me alejo cavilando si habrá otro día, si asomará a su ventana  a ofrecerme  un mendrugo en la tibia palma de su mano.

*Imagen:

http://blogs.ya.com/corredordefondo/c_13.htm

Las niñas

4 de Febrero de 2007

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La niña Elisa al piano, la partitura de Beethoven “Para Elisa” melodía pegada en mis oídos, en mi lengua, mi piel, como el olor a cerezas y los vuelos de mariposas.
La visita aguardaba, acomodada en la amplia y elegante sala, llena de antigüedades, desde los muebles Luis XV hasta sus dueños, de no se cuantos años.
Empezaba Elisa con sus delicadas manitas al piano, yo esperaba el tercer acorde.
Ya preparada entraba con una flor roja de seda, atada en una cinta negra que se confundía en mis cabellos, vestido blanco de tul, ahora mío, fue de Elisa cuando hizo la primera comunión.
Tarararan, danzando en medio del salón, no puedo describirme, se apoderaba de mí un espíritu, ahora estoy convencida que era Isidora, sentía cada nota melódica brotando por mis poros, mi cuerpo obedeciendo los sonidos, mis invisibles alas elevándome a cielos extraños. Esa sensación de felicidad y tristeza, sentirme un ave, dueña de mis vuelos.
No recuerdo como se veían los rostros de los invitados, ni el de Elisa ofreciendo el concierto. Siempre en los últimos compases estaba muy cerca al piano, para sentir el efecto de las notas musicales entrando en mí. Para Elisa, tocado por Elisa, danzando Isidora.
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Me decían Isidora, no era la niña de la casa, tampoco la criada, solamente tenía que compensar los beneficios recibidos. Elisa entraba a la biblioteca y leía a Bécquer, me encantaba escucharla, yo recién aprendía a leer, sentía placer cuando ella recitaba. La recuerdo todavía.
“Hoy la tierra y los cielos me sonríen;
hoy llega al fondo de mi alma el sol;
hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado
¡Hoy creo en Dios!
Luego volvía a mi realidad, abría la vieja rinconera de calzados, las botas del tío Alfredo, siempre estaban limpias, a lo mejor no pisaba el suelo, los tacones de la tía Rosa, altos, muy altos, en ese entonces me encantaban, a escondidas solía caminar con ellos. También los de Elisa, pobre niña, siempre triste como sus zapatos, yo la amaba, nunca se lo dije, ambas éramos solitarias, compartíamos la música, los poemas y las cerezas.
Había colocado todos los zapatos en fila como me dijeron, “y esperas lo que demoras en rezar un Padre Nuestro” luego les sacas lustre. Ese día nunca lo olvidaré, quería pensar que danzaba, cerraba los ojos imaginando mi baile por los aires, mis alas de colibrí, ¡estaba en el cielo! ¿Para qué iba a rezar? Si los ángeles acompañaban mi danza. Una voz hizo que abriera mis ojos. – ¿Estabas rezando el Padre Nuestro? Preguntó la tía Rosa.
- Si, claro, rezaba tía, rezaba y, ya estaba por el cielo.-
Esa fue mi primera mentira, nunca más, otra tan dulce y tierna. Cuando hice la comunión, le confesé al cura, enojado me dio de penitencia, cinco Padre Nuestros y dos Ave Marías.

El perro y el hombre

29 de Enero de 2007

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El frío lo traía en los bolsillos y las monedas volaban por lo alto.
Cabizbajo mira el suelo cementado, esperando que caigan las que vuelan.
Otro día sin cachuelos, está cargado de años, para él ya no hay trabajo.
Paso a paso, lentamente va llegando a su choza de cuatro esteras, su perro flaco “Piltrafa” lo espera contento, saltando le da la bienvenida.
- No importa que no trajiste nada, has vuelto, ya no estoy solo. –
No habla el perro, pero el hombre lo entiende, sabe que eso piensa. El perro va debajo del viejo catre y sale con un pedazo de pan duro entre los dientes, lo pone en la mano de su amo, él hombre acaricia a Piltrafa.
Parte en dos el trozo de pan, y los dos comen.

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Imagen:mosura0.tripod.com

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