
No me gustan las cortinas cubriendo mis ventanas, las imagino barrotes de paños negándome ver las maravillas de la vida.
Quiero libremente contemplar las estrellas, ver asomar al sol, la luna, los pájaros entre las ramas, sorprender mis amaneceres viendo las flores asomar regalando sus colores.
Una voz que no es de mi conciencia me dice “las cortinas por algo se inventaron” tus ventanas son grandes y un edificio al lado…
Reí sarcásticamente recordando las veces que me espiaron tras sus ventanas.
En una de esas entré a su juego, me despojé la blusa desprendiendo botón por botón, suave, armoniosamente, los movimientos al compás del Emperador del bueno de Beethoven, quedé en corpiño, recuerdo el mejor que tengo, todo de encaje negro. Me senté frente a mi ordenador leí mis correos y reía sabiendo que aún me miraban.
Estoy segura que aquella persona pensaba que yo me mostraba a alguien por Internet, sonreía, luego quise cubrirme, al compás de la música fui abrochando sensualmente cada presilla de mi blusa, tardé lo más que pude, concentrada en los acordes de ese piano de toques magistrales.
Pensé en ti, en tus ojos clavados en mi cuerpo, temblé ilusionada, luego comprendí que aquello era producto de la inconformidad, si estarías a mi lado lo habría hecho para ti, aún a sabiendas que nunca colgaré cortinas en mi ventana, tú apagando la luz, y los botones, a lo mejor ya desabrochados… me habrías hecho el amor.
El viernes pasado fue una dama quien espiaba a través de su cortina, eso creo por el cabello que se vislumbró entre la sombra, como no se iba, me quite rápidamente los jeans, mi pequeña ropa íntima esta vez de color blanco, se me ocurrió quitar mi corpiño, me recosté en el sofá que también se ve desde la ventana, puse un cojín, tomé “La Casa de Cartón” y releía sin concentrarme en la lectura, dejé el libro a un lado, me puse boca abajo sin intención que vea mis “encantadores glúteos” y me dormí profundamente.
Al despertar, miré si seguía mi curiosa vecina, si, estaba, era la empleada de la casa, había corrido los doseles y frotaba con ahínco los vidrios de la ventana. Creo que nunca quedaron tan limpias ni yo tan dulcemente avergonzada.
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Pintora: Meca Ketterer
Título:No mires atrás