Una mujer, un hombre y una flor (cuento corto)

Una bella flor, de pétalos amarillos quería ser mujer, pidió al Todo Poderoso por una noche tener piernas y por las calles caminar. Esta flor era una dalia, habitaba en casa de tres hermanas. La menor, una muchachita linda, artista plástica, de nombre Vanesa, ella dejo su abrigo negro, colgado en el vestidor. Sabrina dulce joven, gustaba usar tacones altos, Lucía, la que ponía orden, antes de ir a dormir dejaba las llaves en la mesa, eran las once de la noche, todas dormían.
¡¡Que mejor momento!!, decía la flor, el macetero se estremecía mientras brotaba una mujer, cautelosa la dalia se cubrió con el tapado y en sus pies finos, el calzado de Sabrina, cogió la llave y despacio avanzó a la puerta. Las calles solitarias hicieron detener su paso. Un auto aminoró la marcha y la invitó a subir, Dalia asustada, regresó sobre sus pasos, una pareja haciéndose mimos reían, ella quería también reír, por la esquina cruzó un mozuelo al verla solitaria y desorientada se le acercó – es muy tarde para andar sola, eres muy joven, cual es tu nombre? – Dalia, así me llamo. – Te acompaño a tu casa? donde vives? – allá al frente en esa casa de portón grande. El muchacho la cogió de sus manitas, le ayudó a atravesar la vereda, – Eres bella como una flor – le dijo el joven – ¿puedo darte un beso?- Dalia asintió con la cabeza. El la besó con ternura, en su mejilla apareció como pintada fosforescente una dalia amarilla. – Que hermosa la flor pintaste en tu cara, no me había dado cuenta, Dalia confundida, atinó a decirle – Es que soy una flor. – El muchacho como hechizado, le preguntó si se podrían ver al siguiente día, – No lo se, pedí a Dios me conceda sólo una noche, y ser toda una mujer.
Ernesto (así se llamaba) en sus adentros pensaba, – es una mujer bella, enigmática, juega con el misterio –
De pronto vio que la flor pintada en su rostro crecía, iluminaba como una luz. Ernesto preocupado pensó si aquella casi niña sería un ángel o una bruja. No quiso seguir, en el fondo era algo de temor. Le dijo: mañana estaré aquí preguntando por ti. La apresuró a entrara a su casa. Dalia sacó la llave del bolsillo del abrigo, al hacerlo cayó una tarjeta, Ernesto a propósito no la levantó, se dieron un beso de despedida, al cerrar la puerta el muchacho levantó la tarjeta, decía; – Vanesa – Pintora…
Al siguiente día Ernesto llamó al teléfono impreso en la tarjeta.
- Hola Vanesa, soy Ernesto el muchacho que conversó contigo anoche.
– Yo? Anoche no salí de casa
– si, estabas con un abrigo negro largo y en tu mejilla pintada una dalia. Se cayó la tarjeta de tu bolsillo, por eso se que te llamas Vanesa, bella “Dalia”
- Ernesto, podrías venir a visitarme, a ver si soy sonámbula, el abrigo largo y negro lo tengo, pero…ayer…no salí, te espero a las 7 de noche,
Vanesa fue al vestidor, allí estaba su abrigo, un poco mal colgado, luego su vista fue al macetero y allí estaba la dalia en todo su esplendor. – Dios mío, debo ser sonámbula, pero mis hermanas me habrían escuchado.
Llegó la hora, Ernesto con puntualidad inglesa tocó el timbre.
Se puso el abrigo y salió a recibir su visita. Al verlo pensó, es un muchacho lindo, a lo mejor… nos entendemos.
Se miraron algunos segundos en silencio, luego se saludaron, lo hizo pasar al living. Ernesto apenas entró vio la dalia en el macetero. Dijo con voz emocionada – ¡Esa era la flor! la tenías pintada allí en tu mejilla, donde tienes ese lunar.
- No entiendo nada, podría ser sonámbula, pero pintarme la cara dormida??? No será que anoche estabas con unas copas demás?
- No Vanesa, nunca tuve más claros mis sentidos. Más bien no pude dormir, me impresionaste con tu belleza y la flor.
Tomaron un café, conversaban de mil cosas. De pronto Ernesto volteó la cara como si alguien lo estuviera observando, su mirada se desvió a la dalia, en ese momento la flor cerró y abrió sus pétalos. Ernesto de inmediato se acercó a la flor, sintió como un aire fresco besando su rostro, una sensación indescriptible, el joven embelesado no dejaba de contemplarla. Vanesa quiso ser gentil, trajo unas tijeras, cortó la dalia y se la regaló. Ernesto se despidió, casi en estado de shock salió con la flor entre sus manos, se fue, ante la mirada sorprendida de Vanesa, quien nunca más supo de él.
Vanesa se pasea por el barrio preguntando por Ernesto, nadie lo conoce…
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*Imagen: Lily cuadra