Algo de mí…

Contemplando el mar
Escribir para compartir, poco a poco tengo que habituarme, acostumbrada a esconder mis sueños en cuadernos bajo mi almohada, a mojar con lágrimas esos versos quebrados en noches de añoranza, despertar y amontonar los pedazos de soledades colgadas en las paredes, gritando mudas, sordas a las voces de ausencias.

Pero estoy aquí frente a ti, me lees pensando quizá que la locura llegó a la cibernética puerta de mi página. Mis escritos ya no se quedan en mi cabecera, ojala logre compartirlos contigo. Te diré en ellos mi sentir, y tú sabrás salir cuando quieras. Plena libertad, eso me hace sentir bien. Me digo, «¿por qué no compartir mis abismos y mis flores, oscuridades y luces, mis amores y absurdos desamores…?».

Entra a mi mundo y ponte cómodo, haz humo los zapatos y camina descalzo a mi lado. Alguna vez te invitaré a volar a mis cielos empedrados, pero hoy te invitaré al mar. Trae, por favor, traje de gala, llena tus bolsillos rotos de sueños reales, esos que nunca se gastan, y moja tus pies, camina sobre las algas. Aquí no hay luciérnagas, se quedaron bajo el sauce, aquí hay caracolas donde se esconden las sirenas. Acércate a ellas, escucharás su canto.

Ya estamos, las olas juguetean con mis miedos y los tuyos. Dame tu mano, recorramos mi pequeño mundo, donde las fronteras se perdieron bajo palabras susurradas, suaves, tibias, amorosas…

Esas que nunca dicen adioses…